“Mateschef”, una deconstrucción numérica que crea sofritos de conocimiento

MateschefSara Ledo.

Madrid, 15 sep (EFE).- Que el mango de la cuchara que se utiliza hoy para los gintonics toma su forma del tornillo de Arquímedes, del siglo III a.C, es una de las “revelaciones” que el matemático Claudi Alsina hace en “Mateschef”, una aproximación “amable” y “amena” a la presencia del cálculo, la aritmética y la geometría en la cocina.

“Yo creo que Arquímedes estaría muy contento de que su tornillo se utilice para servir gintonics, de poder verlo sería un aficionado seguro”, bromea el matemático y gourmet Claudi Alsina (Barcelona, 1952) en una entrevista con Efe sobre un libro en el que “deconstruye” números para crear “sofritos de conocimiento”.

“Mateschef” es una aproximación “amable” y “amena”, dice, a la presencia de los números y formas geométricas en el mundo de la cocina, con la que pretende reivindicar que en la comida, además de física, química, y “mucho amor para prepararla”, también hay “mucha influencia” de las matemáticas.

Y para ello cuenta también con la colaboración de la cocinera y escritora Cristina Macía, quien ha incluido comentarios profesionales y más de 30 recetas que ejemplifican las teorías del matemático.

Presentes en las etiquetas, en las cantidades, en los volúmenes, en las temperaturas de cocción, en las calorías, y hasta en el reloj que determina los tiempos, las matemáticas también aparecen en las formas y el diseño de los utensilios de cocina y en la geometría de los alimentos.

“Si usted desea comerse un fractal vaya al mercado y tome un romanescu (brécol), y Cristina Macía le da la receta para prepararlo; si desea una espiral de Arquímedes, compre un brazo de gitano; y si quiere poliedros de hielo en vez de cubos, compre envases especiales para ello”, explica el también autor de “Asesinatos matemáticos” (2010).

Porque el arte culinario tiene mucho más que ver con las matemáticas de lo que puede parecer, y si no que se lo digan a Popeye, que se ha pasado la vida comiendo espinacas para estar más fuerte, y resulta que el pretendido contenido de hierro de este alimento no era tal.

“Si quiere hierro no coma espinacas, no vale la pena”, apunta el catalán. “La publicación que se hizo sobre el estudio del hierro tenía un error de imprenta en las decimales, y atribuía una cantidad de hierro mucho mayor de lo que luego resultó ser”.

Y es que la “precisión” es vital en matemáticas, como en pastelería, como en la propia vida. Por ejemplo, la famosa división justa de un pastel, tiene importancia en “sentencias, divorcios y hasta política”, apunta Alsina.

Aunque la operación no es tan sencilla como puede parecer a priori, porque no es solo posible hacerla calculando que todos los trozos tengan las mismas medidas, explica, sino que también se puede hacer entre dos personas si uno corta y otro elige.

El teorema del bocadillo de jamón, la relación entre el plegado de servilletas y el origami, la semejanza de la forma de las patatas “Pringles” con los planoides diseñados por Gaudí en la Sagrada Familia, o la forma más eficiente de apilar naranjas son otros de los problemas que enuncia el libro.

“Las matemáticas están en todo”, resume Alsina, y también en la “creatividad”, apunta el catalán, que cita los juegos geométricos de las composiciones de Ferrán Adriá o Arzak como alguno de estos ejemplos.

Tampoco se olvida, “evidentemente”, añade, de los aspectos económicos, del cálculo más puro, presente en el carro de la compra, en las recetas “para cuatro o para seis”, y en los precios, y advierte sobre la importancia de “saber leer las etiquetas”.

“Como consumidores y ciudadanos medianamente críticos y reflexivos deberíamos no despreciar las informaciones que hay, y si lo que nos ofrecen con esta información nos interesa o no”, añade.

“Si a usted le ofrecen un alimento ‘light’ es que tiene 30 % menos grasa que su equivalente normal, pero hay mucha oferta que, para no comprometerse, utilizan otro tipo de sinónimos”, reconoce, y advierte sobre los decimales de la cerveza “0,0” que esconde un “0,02; 0,03; e incluso, hay alguna de 0,08”, añade.

Pero, las matemáticas no son solo números para Alsina, sino que también pueden ayudar a “pensar mejor” y dotar de cierto rigor y lógica las decisiones, y menciona el “timo de los nueves” con el que los comercios intentan hacer creer a los consumidores que 19,90 euros no son 20 euros.

Lo único que no tiene lógica matemática para el matemático es leer la factura de la luz, un “imposible” que logró descifrar “más o menos” hace años pero que ahora vuelve a partir de cero porque no sabe leer el precio. EFE

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