El asesinato de Pitágoras

Autor: Marcos Chicot

Texto:

Pitágoras levantó la cabeza pausadamente y abrió los párpados.

Los seis discípulos se sobrecogieron. En los ojos dorados del maestro ardía un fuego más intenso de lo habitual. Su cabello, de un blanco níveo, caía en cascada sobre sus hombros y parecía resplandecer al igual que su espesa barba. Tenía más de setenta años, pero mantenía casi intacto el vigor de la juventud.

— Observad la tetraktys, clave del universo — la voz de Pitágoras, profunda y suave, resonó en el solemne espacio del templo circular.

En la mano derecha sostenía una vara de fresno. Con ella señaló hacia el suelo de mármol, donde había desenrollado un pequeño pergamino entre él y sus discípulos. Mostraba un sencillo dibujo. Una figura triangular formada por cuatro filas de puntos. La de la base contenía cuatro puntos, la siguiente tres, había otra de dos y finalmente una cúspide de un solo punto. Estos diez puntos ordenados en triángulo eran uno de los símbolos fundamentales de la orden.

tetraktysg

Continuó hablando con majestuosa autoridad.

— Durante los próximos días dedicaremos la última hora a analizar el número que contiene a todos: el diez. —Realizó con la vara un movimiento circular alrededor de la tetraktys—. El diez contiene también la suma de las dimensiones geométricas —dio un toque con la vara a los diferentes niveles dibujados en el pergamino—: uno el punto, dos la línea, tres el plano y cuatro el espacio Se inclinó hacia delante e intensificó la mirada. Cuando volvió a hablar, su voz se había vuelto más grave.

— El diez, como sabéis, también simboliza el cierre pleno de un ciclo.

Las últimas palabras las pronunció mirando a Cleoménides, el discípulo sentado a su derecha. Éste tragó saliva conteniendo un arrebato de orgullo. Era evidente que Pitágoras estaba hablando de retirarse y de quién lo sucedería. Cleoménides, de cincuenta y seis años, sabía que él era uno de los principales candidatos. Notable matemático, aunque quizás no el más brillante, destacaba sobre todo por un férreo cumplimiento de las rigurosas reglas morales de la orden. También por su peso político, pues procedía de una de las principales familias aristocráticas de Crotona y manejaba con hábil diplomacia los asuntos de gobierno.

Fuente: Duomo editorial, 2013

http://divulgamat2.ehu.es/divulgamat15/index.php?ption=com_content&view=article&id=15573&Itemid=400016

 

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